Cómo se hizo ESTACIÓN OZO
De una gasolinera de los años 50 a una mascota retrofuturista
La gasolinera OZO de Bellevue (RN10) me inspiró a crear la silueta de un pequeño empleado mecánico. En este cuaderno de bocetos, narro la historia del lugar, del arquitecto Paul Lagneau, y luego les muestro paso a paso desde el primer boceto hasta la composición final. La lámina Fine Art está disponible en la tienda en varios tamaños.
El origen del proyecto
Todo comenzó con una estación de servicio como ninguna otra: la estación de servicio OZO en Bellevue, un ícono de la Ruta Nacional 10. Construida entre 1955 y 1956 por el arquitecto Paul Lagneau, esta estación, con su gran marquesina de hormigón y su esbelto tótem, simbolizaba la época dorada de las carreteras nacionales, los días festivos pagados y la Francia de las vacaciones familiares. Modernismo.

Consulta la página de Wikipédia de la gasolinera OZO Bellevue.
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Ahora restaurada, encarna un patrimonio arquitectónico único, que fusiona el diseño industrial con la belleza de la vida cotidiana. Fue al redescubrir este lugar cargado de historia que me inspiré para devolverle la vida... de una manera diferente.
El nacimiento de OZO, el pequeño robot
Al observar la forma del edificio —el tejado, la aguja vertical—, vi algo más: la silueta de una figura con gorra, sosteniendo una pancarta. La idea surgió de forma natural: ¿y si la gasolinera se convirtiera en un pequeño robot empleado, un guardián de una época pasada?
Así nació OZO, el pequeño robot, una criatura mitad arquitectura, mitad máquina, un guiño a aquellos empleados de gasolinera de antaño que desaparecieron con la llegada del autoservicio.
Y dado que su nombre inevitablemente evoca el ozono, este robot se ha convertido también en un símbolo de protección y energía positiva: un guardián de la atmósfera, a su manera.
Paso 1 - Inspiración y bocetos iniciales
Antes de dibujar una sola línea, preparé un pequeño panel de inspiración:
- fotos de archivo de la gasolinera OZO Bellevue,
- coches típicos de los años 50,
- anuncios antiguos de Michelin,
- diseños de robots mecánicos retrofuturistas,
- pin-ups publicitarias, herramientas de taller, reparaciones, etc.

Estos elementos sirvieron de base para mis primeros bocetos.
En mis rápidos bocetos, el edificio se transformó en un personaje: un ser pequeño, robusto y benévolo, montado sobre su rueda, casi orgulloso de sostener su bandera (video a cámra rápida en instagram).
Paso 2 - Dibuja el personaje

OZO toma forma: una bomba de gasolina montada sobre una rueda, equipada con un pequeño motor tipo ciclomotor. Sus brazos tubulares terminan en manos enguantadas, una sosteniendo el tótem, la otra una boquilla de gasolina de la que sale un chorro simbólico que riega el planeta; Birdman recibe un poco. Un ensamblaje a la vez mecánico y poético, en algún punto entre la memoria industrial y la imaginación.
Paso 3 - La composición general
Para darle vida, la estación debía ubicarse en su entorno: la RN10, la legendaria carretera nacional que conectaba París con Biarritz.
Así que creé una perspectiva donde esta carretera cruza la escena, símbolo de viaje, velocidad y libertad.

Rápidamente, con un rugido ensordecedor, los coches de los años 50 se incorporaron a la escena: siluetas cromadas, llenas de movimiento y energía.
Es el escenario de una época: la de las vacaciones, las gasolineras y las primeras grandes escapadas familiares…
Paso 4 - El invitado sorpresa: Bibendum Michelin
Siempre he sentido debilidad por Bibendum, la mascota de Michelin, una figura benévola de la carretera y un compañero imaginario para los viajeros, en aquellos tiempos en que todavía usábamos mapas de carreteras para orientarnos, que fácilmente podían llevarnos a perdernos.
En esta escena, lo he representado como un guardián cósmico: sostiene el planeta azul en su mano derecha, como un homenaje a la carretera y a la Tierra.

Este toque de humor añade una capa simbólica:
OZO y Bibendum, dos iconos vinculados a la carretera, uno nacido del hormigón y el otro del caucho, velan juntos por nuestro planeta.
(Nota: Mi versión de Bibendum es estilizada, concebida como un homenaje gráfico y no como una reproducción comercial).
Paso 5 - Colores y ambiente
Para la paleta de colores, me basé en la paleta original de OZO, dominada por el rojo y el blanco, complementada con tonos de azul planetario y toques de amarillo primario para equilibrar el aspecto general y darle un toque vibrante, similar al del diésel.
Algunos tonos de gris evocan el mundo mecánico o el hormigón de la gasolinera, mientras que la paleta en general recuerda a la década de 1950, sus letreros, la Formica y los colores llamativos.

Un juego de luces y sombras enriquece el dibujo lineal, aportando un sutil relieve a los planos 2D para lograr un efecto ligeramente tridimensional.

Paso 6 - Detalles y textura
La ilustración se enriquece gradualmente con multitud de pequeños elementos propios de un taller mecánico: una lata de aceite de motor usado, una bujía y un pistón, llaves inglesas dobles, destornilladores, una llave de tuercas, fragmentos de tornillos, restos de grasa y humos de escape multicolores. Unas pocas salpicaduras de gasolina y otras gotas de aceite completan esta atmósfera de taller, vívida, desgastada y auténtica.

Estos detalles evocan la esencia y la memoria del lugar: casi se puede oler el metal caliente y oír el rugido de un motor listo para arrancar de nuevo.
Una creación entre pasado y futuro
Este proyecto es un homenaje a una época pasada, la de las gasolineras familiares, las carreteras bordeadas de letreros de neón y las promesas de evasión, pero también una proyección hacia un futuro más poético y responsable.
OZO, el pequeño robot, es ambas cosas:
- una metáfora del patrimonio que cobra vida,
- un símbolo de transición, entre la esencia y la nueva energía,
- y una figura de benevolencia, un guardián imaginario de nuestra capa de ozono.
La impresión Fine Art
El lámina Estación OZO está disponible en la tienda en varios formatos en póster Fine Art.

Pour conclure
Ce “making of” n’est pas seulement le récit d’une illustration, mais aussi une invitation à regarder autrement nos paysages ordinaires, ces architectures oubliées qui dorment au bord des routes. Car parfois, il suffit d’un regard décalé pour qu’une station-service devienne un petit robot plein d’âme.
Merci d’avoir lu cet, et bienvenue dans le monde d’OZO
